HISTORIAS DE USUARIOS

Volver a escuchar ha sido un milagro para Gabriela

Me llamo Gabriela Mercedes Amanda Planas, resido en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina y tengo 59 años. Soy profesora de Filosofía y Licenciada en Psicología. Trabajo en una dependencia de un  Ministerio de la Nación y en  mi consultorio privado, en el que atiendo pacientes con hipoacusia desde hace 20 años. En noviembre de 2018 me realizaron el implante coclear.


Un poco de historia, ¿Conoces el origen de tu falta de audición?
Tuve Sarampión a los 2 años de vida y posiblemente sea la causa de la pérdida progresiva de la audición por Otosclerosis Coclear. Recibí el primer diagnostico de hipoacusia a los 20 años, ya era una hipoacusia moderada y comencé a usar audífonos. Tuve muchas dificultades los primeros años de la escuela  primaria en el aprendizaje de lectoescritura. Me ayudó mucho que mis padres siempre me admiraron, creyeron en mí y me exigieron igual que a mi hermano. Cuando tenía  unos 24 años recibo el diagnostico de hipoacusia bilateral perceptiva y progresiva, por causas inmunológicas.

¿Qué pensamientos vinieron a tu mente al descubrir que cada vez tenías más problemas para desenvolverte en tu vida cotidiana?

Todas las pérdidas son difíciles pero la pérdida progresiva es tortuosa, no terminas de asumir y recuperarte de un estado cuando te das cuenta que nuevamente escuchas menos. No podía imaginarme una vida sin audición, no creí que llegaría ese momento, me fui dando cuenta luego de muchos años. La sensación es como que estas en un escalón, te comienzas a acostumbrar a que las cosas serán así pero de pronto se mueve tu piso y te encuentras tres escalones más abajo.

Se mueve tu piso, digo, son situaciones cotidianas como “pero yo el timbre lo escuchaba…”, vas a una fiesta y comienzas a darte cuenta que la música de fondo ahora te molesta, o alguien se queja porque pones muy alto volumen a la radio, o en una conversación te dicen “eso ya lo dijimos” y te das cuenta de que no lo registraste. Son instancias, vivencias que te marcan que bajaste escalones otra vez. La incertidumbre, las culpas, la vergüenza te invade. Y principalmente una tristeza enorme, y buscas consuelo: ayuda con nuevos audífonos, aprender labiolectura, nuevas consultas médicas, probar tratamientos con medicamentos.

Pero mi actitud a la vez fue de mucho esfuerzo y de lograr las metas de alguna forma. Mi padre era catalán y siempre decía “Un buen catalán de las piedras hace pan”. Y es una actitud ante la vida que uno internaliza.  Pude recibirme de profesora, trabaje 7 años como docente en el nivel medio y terciario, empleando todo tipo de “tácticas” para llevar adelante las clases, tomar exámenes, participar de reuniones con docentes. Como madre también es muy difícil que tus hijos chiquitos vayan entendiendo que escuchas con audífonos su vocecita, o que el pediatra te dio una explicación, te dio vergüenza volver a preguntar y te quedas con no entender algo tan importante, o que en una reunión de padres hablen de tu hijo y te quedas con ganas de preguntar por qué te sentiste perdida ¡Son momentos difíciles ¡

Pasaron los años, seguí bajando escalones entre tristeza, llanto, tomarlo con humor y así fui llegando a pensar que me tenía que acostubrar a estar sorda. Cuando llegué a una hipoacusia severa y sin percepción de sonidos en la frecuencia de la palabra, tenía una actitud muy firme: poder vivir y trabajar siendo sorda, sin hacerme más drama por la hipoacusia.

Dejé la docencia y comencé a estudiar psicología, descubrí que podría ejercer la profesión atendiendo pacientes sordos. Me especialice en niños sordos, aprendí lengua de señas para atender pacientes con sordera, descubrí instituciones de sordos y volví a trabajar como docente también en un instituto terciario que dictaba la carrera de interpretes en lengua de señas. En todos esos años me sentí muy plena y feliz.

Gabriela Planas

¿Cómo conociste la existencia de una solución como el Implante Coclear?

Por mi profesión seguí siempre el tema de Implante Coclear, tanto en congresos como por material impreso, pero no lo consideraba una opción para mí. Por una parte porque sentía que me había “adaptado” muy bien a la sordera, y disfrutaba de mi familia, de mi trabajo, de viajar y de mis amigos. Me sentía muy bien, aún cuando mi comunicación era 100% labiolectura y los audífonos no me servían. Por otra parte soy muy naturista, sentía que un implante coclear era algo invasivo, algo ajeno a mí, que debía aprender mucho de tecnología para usarlo, y eso me generaba como un fastidio. Admiraba y apoyaba a quien se implantaba o era usuario. Pero no me entusiasmaba como opción para mí. 

 

¿Cómo ha sido el proceso para decidir realizarte una cirugía de implante coclear?

Realmente fue un proceso. Pasaron unos años… Acercarme al implante coclear como una opción personal fue parte de otra etapa en mi vida: Comencé a prestar atención a hechos como el cansancio al terminar una jornada  con mis pacientes. Sentía cansancio, era como un embotamiento, y dolor en la vista. También me di cuenta que tenía una vida “sobreadaptada” a la sordera, exitosamente sobreadaptada diría: timbre para sordos, perro señal, aplicaciones accesibles, muchísimos amigos sordos pero sentí que me estaba cerrando y estaba volviéndome muy rígida. También notaba que mi lenguaje, a nivel del habla (los términos de la vida cotidiana)  se estaba empobreciendo. Todos estos temas los iba pensando. Comencé a prestar más atención a mis amigas usarías de Implantes Cocleares, que hacía años que me decían “¡Gaby Implantate!” y sobre todo comencé a  investigar pensando ya en mí como usuaria. Tengo cantidad de archivos y documento que me permitieron darme cuenta de que en realidad la cirugía en la actualidad era muchísimo más sencilla. Pasó un tiempo y en un congreso me dieron un folleto sobre el Implante Coclear SYNCHRONY,  donde se lo comparaba con los modelo anteriores y decía que era de titanio  y más pequeño, más fino por la cual la cirugía era mas sencilla, y del Procesador de Audio SONNET, recién salía ese modelo de procesador, y me llamó la atención la particularidad de una percepción más  natural relacionada con los electrodos ultra finos que permiten llegar hasta el ápice de la cóclea.  Seguido de esto, una amiga cambia su procesador OPUS por SONNET, y comienza a contarme más detalles. Fui a consultar a mi otorrino, el Dr. Santiago Arauz y se fueron despejando mis temores.

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¿Qué beneficios ha traído el implante a tu vida personal? ¿Qué cambios específicos has notado también en lo profesional como Profesora de Filosofía y Psicóloga?

Gabriela y su perroDescubrí infinidad de sonidos, comencé a transitar la vida cotidiana con una sonrisa enorme porque a cada paso es un placer. Me di cuenta nuevamente, que, aunque yo ya era feliz y me sentía bien, hacía mucho esfuerzo para comunicarme, para prestar atención a muchas cosas. Y eso descubrí principalmente: que el sonido natural, cotidiano o la notificación tecnológica es un alerta plácido, un aviso que facilita que te prepares, aún no siendo consciente, tu respuesta sin sobresaltos, eso te distiende, hace tu vida menos tensa.

Puedes estar tranquilo, ocupándote de algo muy concentrado en ello y escuchas el timbre, una palabra (Hola), o un ruido (pasos) que es un anticipo y se torna significativo (llega alguien) y desencadena tu respuesta (te levantas y atiendes). Todo hace que la vida sea más cómoda y relajada. Recuerdo que antes esperaba una contestación en mensaje de texto, y tenía que mirar muchas veces el celular. O si esperaba una visita tenía que estar atenta al timbre luz. Siempre una cosa a la vez, cuidando no distraerme porque todo depende mayormente del sentido de la  vista. Otro cambio, que es muy notorio, es mi estado de ánimo, y lo que yo expreso. Porque mis amigos me  dicen “estas más contenta ahora”. Sin dudas el sonido es como ponerle brillantinas a tu vida. Siempre dediqué tiempo para ir al parque con mi perro Enzo, caminar, sentarnos, meditar, pero ahora me detengo también a escuchar los sonidos de la naturaleza y del ambiente,  es algo muy placentero y me da muchas energías. 

Actualmente no estoy trabajando como profesora, solo como psicóloga.  También hay enormes cambios, con los pacientes no lo noto tanto, pero con mis colegas sí. Tome más conciencia del esfuerzo que hacían ellos para comunicarse conmigo también.

Pienso que no puedo decir los “beneficios” de  tener un implante, para mí es más amplio, porque es una sensación íntima de recuperar parte de uno mismo y esto de igual forma tiene consecuencias en mi entorno.

 

¿Qué te ha motivado a ejercer la docencia y a estudiar Psicología?

En realidad no es que quise ser docente, siempre dije que iba a ser psicóloga  y cuando terminé el colegio secundario era aun el momento más terrible de la dictadura militar, y la facultad de psicología estaba intervenida. A pocas cuadra de mi casa estaba la UCA, y tenía una carrera de Filosofía que fue “mi elección” entre ninguna otra opción. Al curso me apasionó Filosofía, aprendí a pensar, a construir un pensamiento, aprendí a investigar y a estudiar, fue un cambio muy profundo en mi vida. Cuando mi hipoacusia avanzó y ya no pude estar en el aula dando clases, decidí comenzar psicología. Tenía esa convicción de que podía ser psicóloga, aunque no tenía idea de cómo.

 

Has trabajado como Psicóloga de personas con pérdida auditiva? ¿Cómo ha sido esa experiencia?

Trabajo con adultos y niños con sordera, siempre fue y es mi pasión, sobre todo niños y acompañar a los padres en todo el proceso de elaboración que implica la discapacidad de un hijo. Me incliné hacia el psicoanálisis, y me formé con Estela Díaz, una de las primeras psicólogas que investigó sobre el abordaje psicoanalítico de la sordera. Fui paciente de ella, mientras estudiaba Psicología en UBA y luego de recibirme también. Me dediqué a niños con sordera desde el abordaje psicoanalítico e investigué mucho dado que no había  bibliografía a fin, había que armar teoría. Desde lo profesional siempre ha sido todo muy positivo. En esa época fui la tercera psicóloga con sordera egresada de UBA, y mi decisión fue ejercer la profesión como psicoanalista, lo que implica la escucha psicoanalítica, un desafío enorme desde lo teórico y la practica misma.

 

Cuéntanos un poco sobre tu trabajo en un programa social para adolescentes institucionalizados.

Hace varios años que quería integrarme a una institución, concursé para un cargo en el ámbito público, estudié muchísimo, y logré el mayor puntaje entre 180 concursantes. Logré mi objetivo de formar parte de un equipo de profesionales. Llevamos adelante un programa nacional destinado a adolescentes que por distintas razones tuvieron que vivir en instituciones. El programa los acompaña  en los últimos años, para que cuando a los 18 años egresen tengan un proyecto de vida avanzado, estudios y un trabajo a fin. Nuestro equipo prepara  y hace el seguimiento de los profesionales que trabajan con los adolescentes en las diferentes provincias. Para mí ha sido importante dedicarme a otros temas  distantes de la discapacidad. También poner a diario otras fortalezas de mi carácter y formación, soy una persona resolutiva, muy positiva, y tengo una capacidad enorme para definir  problemas, dar propuestas, e indicar caminos a seguir. Ahora al mejorar mi comunicación voy ampliando aun más mi participación e intervención. Tenemos un clima de trabajo muy agradable y un equipo consolidado, y desde mi implante ellos también han modificado la comunicación. Dado que antes me ubicaban en el tema antes de preguntarme algo, o me traían un nombre o números anotados en papelitos.

 

¿Qué sonidos son los que más disfrutas escuchar? ¿Cuáles sonidos nuevos has descubierto luego de recibir tú Implante Coclear?

¡Desde el segundo día de encendido note que era un milagro!, me daba cuenta que escuchaba, y no podía creerlo, tanto que cerraba los ojos para convencerme de que escuchaba y que no estaba a haciendo labio lectura. Y de ahí en más todo ha sido maravilloso. Aún cuando se presentan dificultades y limitaciones en la comunicación, no pierdo de vista mi piso, cero audiciones, por eso considero que todo es maravilloso siempre.

Volver a escuchar mis temas musicales preferidos, cantar, bailar es como colorear la vida. Me apasionan las bandas musicales de los films, que dan el componente tan emocional las escenas. Y para mi sorpresa muchos sonidos, voces y temas musicales los escucho como los recuerdo, y me digo a mi misma “SONNET como no Amarte!”

También descubrir que otros sonidos han cambiado, como por ejemplo, las bocinas de los autos ahora son mas musicales menos agresivas, eso me asombró. O descubrir, digo descubrir porque desconocía su existencia, el sensor para estacionar el coche, o la sonoridad (y sus tonos) de la señal que habilita al peatón del semáforo: muchas veces me sentí como esos filmes que el personaje llega a otra época y va extrañado de asombro en asombro. 

Desde hace algún tiempo hago una rutina física de caminata en cinta, realmente antes me resultaba muy aburrido y lo hacía como una pesada obligación. Luego del implante comencé a usar Artone 3 MAX y me bajé temas musicales al teléfono. Hacer la rutina física acompañada de mis temas favoritos me da unas energías enormes. La música cambia el estado de ánimo, siento que camino en la cinta como volando. ¡Mientras camino escucho, canto y bailo! Ahora me es un placer hacer mis rutinas físicas, y eso es una de las cosas que más disfruto.

Me integré a grupos afines para senderismo, y fuimos formando unos hermosos vínculos, tuve oportunidad de hacer varios viajes, pero el primero me marcó: fue a una albufera, donde aprendí a escuchar y distinguir las aves que lo habitan. Una experiencia maravillosa que superó totalmente mis expectativita y me abre a nuevos conocimientos, vivencias y vínculos.

 

¿Qué consideras importante para lograr un proceso satisfactorio al recibir un Implante Coclear? ¿Cómo ha sido el proceso de Rehabilitación?

En esto no voy a referirme a mi experiencia, trabajé como psicóloga varios años con un equipo de profesionales que realizaban Implante Coclear del Sanatorio Guemes. Investigué y estudié para realizar los estudios psicológicos pre IC, y acompañar a los pacientes en todas las etapas.

Como psicóloga me voy a referir a IC de adultos. Para mí hay tres pilares fundamentales en el proceso de recibir un IC que van dado garantía de mejores logros: Uno es la mirada íntima, introspectiva, escucharse uno mismo,  ser protagonista de la propia vida, esto va marcando el “cuándo”. Y cuando el profesional detecta  fisuras en este aspecto, respecto a identidad, estabilidad emocional, anhelos, metas, grandes idealizaciones, es preferible abordarlas y tomar un tiempo antes de considerar al paciente candidato a IC.

Otro pilar es la información: información de primera mano, tratando de comprender los sistemas básicos del IC, partes, funcionamiento y los accesorios. Tener cierto conocimiento básico de anotomía, que luego facilitan la verbalización e internalización del dispositivo. Conocimiento de las etapas (qué significa ser Candidato, ser Paciente a implantar, qué es etapa Prequirúgica, post…etc.). Conocimiento del sistema burocrático y legal para adquirir el implante coclear, procesador y accesorios. Esto da respuesta a los “qué “y “cómo”.

Y el tercer pilar: la existencia del equipo interdisciplinario que va a intervenir y acompañar. Es decir “quiénes”. Interdisciplinario, es decir,  un equipo formado por profesionales (médicos, fonoaudiólogos, psicólogos) que comparten un espacio, dialogan, acuerdan criterios y objetivos en común.

¿Hubo alguien que te acompañó durante este proceso? ¿Qué papel tuvo tu familia/seres queridos?

Son muchos amigos, compañeros, y conocidos que me acompañaron, recibí mucho cariño y atención. También es una parte  importante conocer personas que transitaron por lo mismo, pero no tiene que suplir el recorrido personal. La familia también va haciendo un proceso y pasando las etapas junto con uno: incertidumbre, información, temores y alegrías, todo se comparte. El implante es como cuando llega un nuevo miembro a la familia, se lo recibe con alegría y todo se reacomoda en torno a él. En algunos momentos yo me sentía más seguridad, y se la transmitía a ellos, en otras mi familia me alentaba y en el post operatorio me cuidaron mucho. Mis logros los debo a mi familia y a mis amigos, también, no imagino este recorrido sin ellos.

 

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