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Vanesa Gasparini es una joven argentina que usa implantes cocleares MED-EL en ambos oídos. Ella nació con hipoacusia moderada y a lo largo de los años fue perdiendo su capacidad auditiva, hasta que un día tuvo la necesidad de acceder a un Implante Coclear. Actualmente, lleva 10 años con su implante en el oído izquierdo y cuatro años desde la implantación en su oído derecho. En este artículo, Vanesa nos cuenta cómo ha sido su experiencia y el proceso de reencontrarse con los sonidos luego de recibir sus implantes.

 


 

Soy Vane, trabajo como Analista de Procesos en una entidad pública. Hace poco terminé mis estudios de Analista de Sistemas en la Universidad Siglo 21, después de haber estudiado en la UTN,  donde por distintas cuestiones de la vida no pude culminar mis estudios.

En mi tiempo libre me junto con amigos, familia, novio y voy a la cancha de River Plate, una de mis grandes pasiones. Soy muy curiosa, me encanta aprender cosas nuevas. Soy una persona muy proactiva y responsable, con muchas ganas de aprender siempre.

También, me gusta escuchar música diferentes géneros musicales, así que si abrís mi Spotify podés encontrar cualquier tipo de música. También, me encanta bailar zumba.

Me gusta comprometerme con la sociedad, participé como Presidente de mesa en las últimas elecciones y espero que este año me llamen nuevamente. También, me gusta asesorar a otras personas con discapacidad y a las personas candidatas a implantarse, guiarlos y comentarles mi experiencia desde mi lugar.

Un día, por allá en el 2008, perdí audición de un momento para otro, por lo que ningún audífono me servía para la pérdida que tenía, la única solución era el implante coclear. Si bien algunas personas cercanas me lo habían mencionado, desconocía el tema. Empecé a averiguar y debo admitir que estaba un poco asustada. Empecé con una psicóloga que me acompañó durante todo el proceso, antes, durante y después de la operación.

Cuando estaba por realizarme la primera operación estaba nerviosa, pero a la vez me sentía tranquila porque sabía que iba a ser un gran paso en mi vida. Estaba ansiosa, emocionada, nerviosa, alegre, sensible. Era una mezcla de sentimientos. Horas después de la operación, me desperté con muchos dolores y hambre. Yo sólo quería comer, pero ese día y el siguiente solo podía ingerir helado y nada más.

Por una semana estuve con molestia, ansiosa y no tenía paciencia para nada. Pero luego las molestias se transformaron en muchas alegrías y nuevas experiencias.

Tres semanas después, el día del encendido del implante coclear, también estaba enojada. Tenía muchísimas expectativas y me desilusioné. No entendía que debía esperar y ser paciente, que no iba a escuchar todo de un momento para el otro, que era un proceso y lleva tiempo. Los días iban pasando y descubría nuevos sonidos. Una noche mientras estudiaba, me molestaba muchísimo un ruido y le preguntaba a mi mamá que era. Ella me decía que prestara atención y lo descubriera yo sola. Era el agua de la canilla que goteaba y las agujas del reloj, ¡no lo podía creer! Pero qué molesto que era, antes jamás lo había escuchado. Una persona con audición normal ya lo tiene incorporado a su vida y no le molesta, pero para mí era algo nuevo dentro del silencio de la noche.

Otro día, mientras caminaba por el barrio, descubrí el sonido de frenada del autobús. Así que ya sabía que se acercaba un colectivo cuando escuchaba eso.

Un día , en el 2009, me compré mi primer reproductor de música. Estaba muy feliz y empecé a llenarlo con música de diferentes géneros. Escuchaba música todo el tiempo, a toda hora. Lo cuidé mucho pero en el 2017 me lo robaron y sentí que me sacaron una gran parte de mi vida. Si bien era algo material, para mí tenía muchísimo valor porque fue el primer reproductor con el que escuché música. Por suerte, ahora con las aplicaciones que existen tengo toda la música a mi alcance.

Luego, empecé a ir a recitales y obras de teatro, experiencias que antes jamás había sido posible. Si bien me perdía algunas palabras cuando los actores se daban vuelta (ya que es imposible que estén mirando al frente todo el tiempo), estaba contenta de poder lograrlo y entender la mayor parte de la obra. El año pasado fui a una obra en primera fila y luego le comenté a la actriz que era hipoacúsica y que me había gustado mucho salvo un par de palabras que me perdí, entonces ella me dijo: “¿Por qué no me avisaste antes? Así te tenía en cuenta”.  Yo me quedé sorprendida. Ahora ya lo tengo en cuenta para futuras obras de teatro.

Luego, me operé del otro oído en el 2015 pero ya tenía más experiencia y estaba preparada. Esta vez no sufrí tanto y estaba más tranquila, menos ansiosa, teniendo en cuenta la primera operación.

Faltaría crear más conciencia entre la población acerca del implante y sus beneficios, y que no dejamos de ser personas sordas/hipoacusicas al implantarnos. Ya que al sacarnos el implante, ¡no podemos escuchar!

También, quiero contarles que buscar trabajo no es fácil a veces para nosotros, hay que desmitificar que no podemos trabajar.

Mi primera experiencia laboral fue en IBM, que entré por una búsqueda de personas con discapacidad pero como no me dejaron crecer me cansé y me fui. Recuerdo que en un año, habré ido fácil a 30 entrevistas hasta que finalmente terminé en el Ministerio de Energía y Minería. Ahora estoy en Anses, que también ingresé por un programa de inclusión socio-laboral de personas con distintas discapacidades. Más allá de haber tenido suerte, y soy una agradecida a la vida, hay mucha gente que no consigue trabajo y se siente discriminada.

Un mensaje para todos aquellos que estén por dar el primer paso: No tengan miedo, les va a cambiar la vida pero sobre todo ¡A tener paciencia!

Uno no sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta.

Saludos,

Vane.

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