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Ana Belén nació con 690 gramos, lo que hizo que desde el comienzo sea una nena muy especial. Supuso también mucha lucha ya que estuvo bastante tiempo en neonatología.

“Siempre decimos que, aunque no escuchaba, ella se comunicaba con los ojos, porque todo te lo podía contar con la mirada”, comentó su mamá.

Con dos años y medio, Anita fue implantada y de a poco fue construyendo ese carácter que hoy lleva como marca personal: “Su vida cambió un 100% luego de sus implantes. Es otra nena y no solo nosotros lo notamos sino también la gente que no vive con ella”.

Anita y sus orejitas nuevas, como dicen sus compañeritos, ahora disfrutan de los sonidos, asombrándose con cada nueva cosa que aparece.

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