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Javier tiene 46 años, es músico profesional y a los 35 le diagnosticaron hipoacusia, provocándole una profunda depresión: “Para un músico, tener privado los sentidos es una depresión total. Tras el implante coclear pude conectarme con el sonido otra vez y recuperé sonidos que ya no estaban presentes en mí. Volverlos a escuchar fue algo impresionante”.

A Javier lo atemorizaba no poder escuchar la voz de sus hijos y le afectaba no poder comunicarse con ellos. Una vez implantado, pudo volver a tener una conversación y a vivir la música nuevamente. “Con el implante volvés a recuperar calidad de vida”, aseguró. Te invitamos a conocer su historia.

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