In HISTORIAS DE USUARIOS

¿Cuéntenos un poco sobre su pérdida auditiva, cómo se origina?

Nací con microtia bilateral e hipoacusia severa bilateral. Durante mi niñez realicé enormes esfuerzos para poder escuchar a las personas o los diferentes sonidos a mi alrededor, además de someterme a varias cirugías reconstructivas para mejorar la estética y la funcionalidad de mi oído.

Esa niñez estuvo batallada para poder reconocer, identificar y discriminar los sonidos. No era fácil comprender lo que otras personas decían, no entendía los temas en mi clase y me costaba relacionarme como un niño norma oyente.

 

¿Cuándo comenzó a usar ayudas o soluciones auditivas?

A mis 12 años. Un maestro de mi secundaria le recomendó a mi mamá el uso de una prótesis auditiva, pues era evidente que ya no lograba continuar con mi vida escolar y social. La doctora nos comentó que por mi microtia yo no podría usar auxiliares auditivos retroauriculares (audífonos), porque no tenía orejas, así que nos recomendó una diadema ósea. Mi sensación era de incertidumbres, me preguntaba si realmente necesitaba una diadema, sabía que era necesario, pero estaba indeciso por mi aspecto. ¿Cómo se vería mi cabeza?, ¿me miraría mucho más raro la gente al tener este dispositivo? Ya tenía problemas con la malformación en mis orejas, originada por la microtia, ahora sumarle un aparato externo a mi cabeza me hacía preguntar si realmente me traería algún beneficio. Eran sensaciones encontradas, porque sabía que me estaba alejando socialmente, me molestaba pedirle a la gente que me repitiera lo que decían y me aislaba por completo ¿les ha pasado? En mi caso sucedió muchas veces.

 

¿Y entonces cómo tomaron la decisión para optar por esa ayuda auditiva?

Estuve pensando durante una semana si quería tener esta posibilidad auditiva, lo único que conocía del mundo sonoro, era lo que lograba escuchar con mucha dificultad, tenía miedo de un cambio abrupto y obviamente de hacer más visible mi discapacidad auditiva.

Finalmente accedí a la diadema ósea y unos días después acudimos a la cita con la especialista para ponerme la diadema. Algunas indicaciones fueron claras: podría sentir dolor de cabeza mientras me adaptaba al dispositivo, tendría sensaciones de incomodidad y lo más importante, acostumbrarme a verlo siempre, ya que no es nada estético.

 

¿Cuáles fueron esos sonidos que identificó la primera vez que escuchó?

Bueno la primera vez que escuché, hubo tres sonidos que me llamaron la atención. El primero fue cuando fui al baño, quería orinar y cuando empecé a orinar ¡OH SORPRESA! ¡suena como una cascada! Ese sonido de la orina cuando choca con el agua en el inodoro o retrete fue algo sorprendente, porque jamás imaginé que el agua o cualquier líquido que cayera se escuchara así.  Parece tonto, pero para una persona que no escucha, es todo un descubrimiento.

El segundo fue el de un mosquito, era un sonido agudo, continuo que venía y volvía, era muy extraño, y ese pequeño sonido me despertó asustado y molesto. Miraba por todos lados y seguía escuchando ese sonido que iba y venía. Pensé ¡pero que es ese ruido! y de un momento a otro un mosquito frente a mi cara volando, me quedé mirándolo e identifiqué que ese zumbido venía de ese mosquito… que increíble ¿no?… que algo tan pequeño generara un ruido tan molesto.

Y el tercer sonido, los pájaros, fue espectacular verlos volar sobre los árboles, escuchar ese canto tan peculiar de los pájaros y sus colores.

 

¿Sintió que tenía la mejor solución auditiva o le faltaba algo más al desempeño de su tecnología?

Recordemos que en ese momento de mi vida yo tenía una diadema de conducción ósea, la cual falló en repetidas ocasiones. Me privaba auditivamente cuando se averiaba, y ahí me di cuenta de lo dependiente que te vuelves de tu “oído biónico”. Me acostumbré a usarlo a pesar de lo estético, porque no es nada atractiva. Estuve un periodo sin poder escuchar, por esas averías que se generaban en la diadema auditiva, era como un retroceso, volvía a mis años de aislamiento y de timidez por no poder comunicarme. Mi humor cambiaba, estaba mal genio y desesperado. Creo que el mayor inconveniente era no poder detectar de donde provenía el sonido, indiscutiblemente la presión sobre en mi cabeza y que el desempeño auditivo no era el ideal.

 

Después de 20 años con diadema ósea, ahora es usuario de ADHEAR, ¿siente algún cambio?

¡Totalmente! Partamos de la idea que ya no hay nada que ejerza una fuerte presión en mi cabeza. Es muy cómodo de llevar y fácil se usar. Además, puedo identificar los sonidos, de dónde provienen sin necesidad de girar mi cabeza al lado derecho. Con la diadema si o si tenía que girar mi cabeza al lado derecho. Ahora eso ya no es necesario, puedo estar en lugares públicos con varias personas y escucho sin problema, sigo conversaciones sin mayor esfuerzo y disfruto mucho más del sonido. Si me gustaría mayor conectividad del dispositivo a dispositivos multimedia.

 

Estudio medicina y actualmente está cursando la residencia en audiología y otoneurología en México. ¿Qué lo llevó a elegir esta profesión?

Hace algunos años, cuando terminé mi carrera profesional en la universidad y comencé a trabajar como médico, me fui a trabajar en una fundación que atendía a personas de escasos recursos, donde pude interactuar y conocer cientos de historias y realidades sobre la pérdida auditiva. Además de muchas gratificaciones al lograr diagnosticar y apoyar a todo un equipo interdisciplinario para recetar la solución auditiva más adecuada para el paciente.

Atendí diferentes casos de pérdida auditiva con finales felices, donde podía ver la satisfacción de cada paciente al recuperar su audición o volver a escuchar por primera vez. Todas esas realidades me hacían sentir conectado y empático, porque sabía por lo que cada uno de ellos estaba pasando y entendía perfectamente esos sentimientos de alegría y asombro al escuchar los sonidos. Esto me motivó a seguir por el camino auditivo, pues no solo conocía la patología desde la ciencia, sino también como mi propia historia de vida.

¿Ahora con el ADHEAR, le es más fácil poner en práctica su profesión?

Como dije anteriormente, el ADHEAR me ha dado la oportunidad de escuchar claramente la fuente del sonido, interactuar con más de dos personas, desenvolverme en un espacio ruidoso, sin hacer un esfuerzo mayor para escuchar al otro interlocutor. Estas ventajas son fundamentales para mi labor como médico audiólogo, no solo porque debo estar atentos a esos estímulos auditivos que le doy a mis pacientes, sino porque con el paciente llega su familia, y poder hablar con ellos con toda naturalidad es clave para mi como profesional.

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