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Introducción

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que entre 0,5 y 5 de cada 1.000 niños en el mundo, unos 32 millones, nacen con sordera neurosensorial o la desarrollan durante su primera infancia. De ellos, 7,5 millones tienen menos de cinco años. En la región de las Américas y el Caribe, la proporción de menores de 15 que sufren una pérdida de audición discapacitante trepa al 1,6 por ciento. Entre quienes nacen cada año con disfunciones auditivas, 130.000 son candidatos al implante coclear. Si bien el índice de prevalencia varía según el país y nivel de desarrollo, es un hecho que la falta de detección y tratamiento de los trastornos auditivos severos afecta el desarrollo del habla, el lenguaje y las capacidades cognitivas, las oportunidades educativas y profesionales, el bienestar psicosocial y, en definitiva, la calidad de vida de los niños. La OMS reconoce cada vez más la magnitud del problema e hizo un llamamiento para abordarlo de manera integral: “aproximadamente la mitad de los casos de pérdida de audición pueden prevenirse fácilmente, y muchos pueden tratarse si se detectan precozmente y se efectúan las intervenciones adecuadas”, destacó en 2013. Una encuesta entre países miembros del organismo reveló grandes disparidades en la aplicación de planes, programas o políticas para detectar y tratar el problema.

 

Pérdida auditiva: un desafío para los niños y la sociedad. Los beneficios del implante coclear

Un niño con una discapacidad auditiva bilateral de severa a profunda no podrá, sin un implante coclear, percibir ruidos medioambientales con independencia de su nivel sonoro o cercanía. Y va a carecer de la capacidad para desarrollar la comprensión del habla humana o producirla a un nivel cercano al de las personas con una audición normal. Las consecuencias de una hipoacusia neonatal moderada a severa no intervenida, que puede pasar inadvertida incluso para los propios padres hasta que los niños cumplen por lo general entre 2,5 y 3 años de edad, pueden ser potencialmente devastadoras: impedirán el desarrollo adecuado del lenguaje y del conocimiento, lo que resulta en daños que afectan el desarrollo social, emocional, cognitivo y académico.  Además del impacto sobre la calidad de vida, derivado en parte del estigma y la discriminación, la deficiencia auditiva no tratada produce mayores costos en educación y reduce la productividad laboral. Un estudio en Estados Unidos calculó que la hipoacusia severa a profunda le cuesta a la sociedad US$ 297.000 durante la vida del individuo, aunque la cifra excede el millón de dólares para quienes tienen esa limitación desde antes de adquirir el lenguaje. No existen cálculos equivalentes realizados en América Latina, aunque estudios recientes en Chile, Argentina y Colombia sugieren que el tamizaje neonatal universal y/o el tratamiento oportuno de la hipoacusia sensorial profunda es costo-efectivo cuando se toman en cuenta los costos educativos, médicos y sociales.

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Implante coclear: una ventana a la audición

En el mundo, el primer implante coclear en niños se realizó en 1980. Desde entonces, los beneficios del procedimiento fueron ampliamente documentados, al punto de que en las siguientes décadas se transformaría en el estándar de tratamiento para chicos con hipoacusia severa a profunda. A fines de 2010 se calculaba que, globalmente, 219.000 personas habían recibido el implante, de los cuales un 50 por ciento eran niños.

A corto plazo, se ha demostrado que los niños que reciben un implante al año de vida “alcanzan un dominio de sus capacidades auditivas básicas” tras 6 meses de experiencia con el dispositivo.

largo plazo, resulta realista esperar que muchos niños que recibieron los implantes más modernos cuando tenían menos de dos años de edad desarrollaran la capacidad de comprender una conversación, sin recurrir a la lectura labial, en ocasiones tan solo después de entre 2 y 4 años del uso del implante coclear. Incluso si se ha implantado posteriormente, los niños mejoran su capacidad de percepción del habla con la experiencia del dispositivo.

Es esperable que muchos niños a los que se realizó el implante antes de su segundo año desarrollen un lenguaje fluido fácilmente comprensible para cualquier oyente tras 2 a 5 años de uso del implante coclear. Incluso a quienes se les realiza el implante con posterioridad desarrollan un habla comprensible después de 5 a 10 años.

Con la realización generalizada de exámenes de audición en niños recién nacidos de todo el mundo, intervenciones más tempranas y la mejora continua de la tecnología de los implantes cocleares, es totalmente razonable esperar que un mayor porcentaje de niños implantados actualmente, con las tecnologías y técnicas quirúrgicas cada vez más avanzadas, desarrollarán mayores capacidades audiológicas, alcanzarán niveles profesionales más elevados y disfrutarán de una mejor calidad de vida que los estudiados hasta ahora.

 

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